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un legado de la historia regional...
Las Sierras de la Estanzuela fueron ocupadas durante siglos
por los Comechingones,
una etnia indígena de cazadores
y agricultores de maíz. Como testimonio de su presencia
histórica, es posible observar restos de las casas de piedra
o cuevas en que habitaban,
una de ellas con pinturas rupestres. También hay morteros de piedra, junto con
rascadores, lascas
y bolas de caza.
En 1753 se instalaron en Estanzuela los padres
jesuitas. Construyeron una represa con el agua del arroyo, trazaron acequias y canales
de riego, y nivelaron los terrenos circundantes. Edificaron la casa principal y una capilla,
y
rodearon las construcciones con una gruesa pirca de piedra laja. Finalmente, bautizaron
el lugar, que pretendía ser una finca modelo, con el nombre de Estanzuela.
En 1767 los padres de la Compañía de Jesús fueron expulsados de América por el rey
Carlos III, pero su obra permanece hasta la actualidad: la traza actual del casco de la
estancia es esencialmente la que ellos diseñaron. Los jesuitas comenzaron también la
industria de producción de cal en las sierras circundantes, y los criollos que los sucedieron
la continuaron. Aunque esta industria fue abandonada en el siglo diecinueve, las
imponentes torres y los profundos fosos de los hornos de cal sobreviven intactos, en
partes cubiertos bajo la vegetación.
Durante la campaña de independencia, Estanzuela jugó también un papel histórico.
Funcionó como posta y hostería para los patriotas que cruzaban a Mendoza y Chile con el
ideal de unirse a la empresa libertadora latinoamericana. Después de la batalla de
Chacabuco, el General San Martín confinó en Estanzuela al depuesto Capitán General de
Chile, el Mariscal Francisco Casimiro Marcó del Pont. Allí pasó sus últimos años,
hasta su
muerte en 1821. |